sábado, marzo 15, 2008

Mari Luz Cortés

Hace mucho tiempo que no escribo. Lo cierto es que me ha absorbido tanto mi trabajo que poco tiempo me ha quedado para dedicarle un ratito al blog. Espero sepan perdonarme. Los dos últimos meses han sido bastante tristes, a la vez que apasionantes en el plano laboral. Pero no voy a desmenuzar todo lo que el destino me ha deparado desde que el 14 de enero me plantara en la barriada de El Torrejón minutos después de que me levantaran de la cama para comunicarme que una pequeña gitana de cinco años faltaba de su casa desde la tarde anterior.


Ahora que sabemos el final de la historia, podemos entender que aquel día Mari Luz Cortés ya había perdido la vida, según los datos que han trascendido de las autopsias que se han realizado al cuerpo de la menor. Sin embargo, nadie escatimó esfuerzos en aquellos días para buscarla hasta debajo de las piedras, por las azoteas, en las marismas (donde finalmente parece que arrojaron su cadáver), por la ría del Tinto (donde apareció flotando su pequeño cuerpo en la fatídica tarde del 7 de marzo), en las alcantarillas, por los pueblos, en Italia, en Portugal, en Francia....

Cada noche de las 54 que Mari Luz (mi niña pequeña ya, a pesar de que nunca la conocí en persona) faltó de su camita con colcha de las princesas de Disney soñé con rescatarla de las manos pestilentes de sus captores. Uno de esos sueños fue tan real que me desperté creyendo que realmente la había rescatado. Mi mente me hizo creer que Josué y yo, pertrechados con nuestros corresponientes cuadernos, bolis y cámara, descubríamos en medio de un bosque de pinos una extraña cabaña de madera en cuyo interior oímos cómo una niña lloraba y llamaba a sus padres. Los dos nos mirábamos y decidíamos empezar a hacer ruidos en el exterior para que el malvado hombre que la retenía la dejase en paz por un momento. Esa fue la tarea de Josué y tuvo fácil asestarle un buen golpe a ese cabrito en la cabeza. Yo corrí al interior de la casa y rescaté a Mari Luz, que todavía vestía su falda vaquera, sus leotardos rosa y su jersey fucsia con estrellas del día en que desapareció. Ella me miraba con sus inmensos ojos marrones. Estaba asustada y yo me la comía a besos mientras intentaba tranquilizarla, decirle que sus padres, tíos, hermanos, abuelos... que toda Huelva la estaba esperando en su barrio y que ya nada malo podía ocurrirle. Cuando llegábamos a El Torrejón en mi sueño, aquello era una fiesta y, por un momento, fui feliz.


Pero los sueños, sueños son. No pude hacer nada por salvar a esa pequeña a la que he visto bailar en vídeos con ese duende que sólo tienen los gitanos desde chicos. No me torturo, no. No lo he podido hacerlo yo, ni nadie. Pero siempre me quedará una ligera opresión en el pecho, una angustia irremediable al ver la sonrisa hermosa de Mari Luz Cortés y el desgarro que su asesinato ha producido en el alma de sus seres más queridos.

Lo más cerca que estuve de pensar que realmente estaba viva fue la tarde en que Juan José (el padre de Mari Luz) me habló de una niña de cinco años que había aparecido en Nápoles. "Nadie la ha reclamado", me dijo por teléfono y yo casi podía verle en los ojos la ilusión, las ganas de partir, de que la noticia se confirmara y de que su Mari pudiera regresar a casa sana y salva. Al día siguiente cogía el primer vuelo a Roma, pero no sería hasta dos días después cuando pudo llegar, por fin, a Nápoles. Ni siquiera le dejaron verla. Tuvo que conformarse con ojear una foto de la pequeña y, cuando comprobó que no era su hija, regresó derrotado (como todos nosotros en el fondo) de nuevo a Huelva.



Todo estaba preparado para celebrar un gran concierto benéfico el 8 de marzo. La recaudación iría a parar a la cuenta a nombre de Mari Luz, un dinero que serviría para pagar a los detectives privados. Estaba en el periódico y todavía no eran ni las seis de la tarde. Carmen, la chica de la Asociación Romano Drom que organizó el recital, me explicaba que al final Triana se había caído del cartel y que se habían vendido unas 3.000 entradas. Justo al colgar, el director, Antonio Castro, daba un grito y me decía "¡Corre, vete al Muelle del Tinto que ha aparecido una niña muerta!". Recé durante todo el camino para que no fuera ella, y eso que yo no rezo NUNCA. Le pedí a Dios, sea cual fuere, que no se tratase de Mari Luz.


El muelle era un hervidero de policías y guardias civiles. Todo blindado. Nadie hablaba. Era Mari Luz. Ni siquiera pude emocionarme al saberlo. He comprobado a lo largo de mi vida que es algo que suele pasarme cuando recibo una noticia dura. Yo, que lloro a diario, no soy capaz de soltar una lágrima. Simplemente, no me lo creo. Lo peor era pensar en su familia, que aún no sabía nada. Pensaba en todos ellos, en todos esos gitanos con los que he convivido durante 54 días, a los que he escuchado, con los que me he peleado, a los que he abrazado, aconsejado, besado, apoyado... Pensaba en sus padres y en sus hermanos. Pero yo sabía que si alguien me iba a romper el alma, ése sería su abuelo, Juan Cortés. Ha sido con el que he mantenido una relación más estrecha, todos los días hemos hablado por teléfono, me ha contado muchas cosas que he publicado (y otras tantas que no). El día antes de que apareciera el cuerpo de Mari Luz, Juan y su mujer, Mari Luz también, me pidieron que preguntara por una vidente seria y buena de Isla Cristina. Ya nos sabían qué más hacer para encontrar a su nieta.

Era las 19.20 y el sol se derrumbaba sobre el horizonte de la ría del Odiel. Decenas de periodistas nos agolpábamos a las puertas del muelle de Levante. Empezó a llegar la familia. Y yo, ni una lágrima. Las tenía reservadas todas para Juan y Mari Luz, para los abuelos. Fue ver a Juan despotricando, criticando a gritos a la Policía, maldiciendo desesperado, llorando, y me derrumbé. Luego nos fuimos todos al tanatorio y el resto de la historia ya se sabe.



Ojalá algún día nos enteremos de qué pasó con la gitanita guapa de su abuelo Juan. Ojalá la justicia ponga a sus asesinos donde tienen que estar (porque pienso que fue más de uno debido a la versión del testigo clave del caso, con la que he sido la única persona que ha conseguido hablar aparte de la policía: http://www.huelvainformacion.es/article/huelva/39108/quotun/hombre/metio/mari/luz/coche/mientras/ella/pataleabaquot.html)


Desde aquí, besos de luto para Juan José, Irene, Juan José Jr., Daniel, Juan, Mari Luz, Diego, Francisco Valentín, Pere, Bibi, Manuel David, Vicente, Carmen, Luis... Ojalá esta pesadilla hubiese tenido, como mi sueño, un final feliz. Fotos: Josué Correa / Alberto Domínguez/ Espínola

viernes, diciembre 21, 2007

Contando los días

Para aquellos que no seáis de Isla Cristina o de Cádiz imagino que será difícil entender cuál es el sentimiento de una isleña cuando le hablan del carnaval, cuando le llega en el tufillo el dulce aroma del aire de febrero. Veréis, se trata, simplemente, de una forma de vivir la vida.


Una vez entendido esto, no resultará demasiado complicado para vosotros comprender qué es no disfrutar el carnaval de verdad desde 2004 para mí, para mi sangre, para mi espíritu... Fue hace tres años cuando me vine a vivir a Huelva, cuando me introduje en esta maravillosa vorágine del periodismo que tanto me apasiona, pero Don Carnal se paseaba cada febrerillo loco por las calles de mi pueblo blanco y yo le miraba con envidia en la distancia.


Estaba delgadita, eh?

Este año, sin embargo, la cosa será diferente. Una maravillosa semana de vacaciones me permitirá no sólo vivir día a día el carnaval de calle, sino asistir a las semifinales del concurso de comparsas y murgas en el teatro Horacio Noguera... Y ya estoy contando los días.

Eli y yo el día de las Viudas

Entretanto, miro y remiro estas fotografías de mi último año de diversión verdadera en Isla Cristina al compás de La Higuerita Marinera, el pasodoble de carnaval que desde que tengo uso de razón se canta a las puertas del teatro cuando acaba la final del concurso carnavalero, como corte de cinta para que Don Carnal tome las calles sin reparos. Imaginaos la imagen: miles de isleños, todos a la par, cantando una letra tan hermosa como la que os dejo entre las fotos (el himno del Carnaval). Espero que os gusten.


Las dos Elis y Carmelo

Cada mañana temprano,
yo salgo para pescar
y entre oleajes y espumas
el pan pa mis hijos yo le arranco al mar.
Yo tengo la piel morena,
morena de sol y sal,
y el alma del marinero,
igual que a mi pueblo
que quiero a rabiar.

Peret y Carmelo en el Gran Teatro

Todos los días miro al cielo
cuando comienzo a faenar
y sólo pido al Supremo
que me de fuerzas pa trabajar.
No me importan los sudores
ni temo al viento ni al temporal
porque sé que al marinero
protege su vida la Virgen del Carmen
que vive en el mar.
Ella cubre con su manto
a to el hombre honrao
que sale a pescar.

Sí. La de la izquierda soy yo. Jajaja
Y este humilde homenaje
yo con mi comparsa quiero dedicar
a mi pueblo chiquetito,
que todo lo saca del agua salá.
La Higuerita Marinera,
tiene por bandera: agua, viento y sal.

( Comparsa La Higuerita Marinera, 1982).

jueves, diciembre 20, 2007

Los fantasmas del pasado

Siempre regresan a mi vida los días oscuros, de lluvia tras los cristales, sueños rotos y sentimientos viejos. Anoche fue uno de ellos.




He vuelto a besar la tierra
con las lágrimas del cielo.
Un traspiés me ha despertado
con el corazón encogido,
escupiéndome a la cara
los fantasmas del pasado;
arañándome la espalda,
haciéndome vulnerable,
revolviendo el miedo
en mi estómago vacío.
Con las manos heladas
sin el calor de tu aliento
volví a caminar inerte,
con las heridas abiertas.
Ahora sólo me queda
esconderme tras mi mirada verde
y escribir, escribir siempre,
para encontrar el consuelo.

El telón de los disfraces (II)

Hace tiempo os dejé por aquí la letra de una canción maravillosa de Manuel Carrasco, dedicada al teatro Gran Vía, el corazón del carnaval de Isla Cristina, que fue devorado hace poco más de un año por una demoledora pala metálica. El mágico edificio de altos techos y sabor a serpentina ha desaparecido de nuestras vida pero, afortunadamente, siempre permanecerá en nuestra memoria, en nuestros recuerdos carnavaleros y en canciones tan exquisitas como ésta. Besos a todos. He vuelto.

lunes, octubre 22, 2007

El amargo final con olor a nuevo

Se acabó. Entre mis manos expira el hermoso volumen de la obra más bella de Carlos Ruiz Zafón. Me resistí a empezar, lo reconozco. Me aburrían sus primeras páginas (excepto la maravillosa descripción del enigmático Cementerio de los Libros Olvidados.

Al igual que Daniel Sempere con Julián Carax, volví a encontrarme con sus páginas blanco roto de olor a nuevo. Siempre estuvieron en el fondo ahí, esperándome a que descubriera los misterios de esa Barcelona sucia y febril, de ojos negros y profunda mirada.

Acabar con la lectura de La sombra del viento me ha hecho sentir algo que hacía tiempo que no recordaba: ese amargo sabor que deja en el paladar la certeza de que la historia que te ha acompañado cada noche, de pronto se acaba. Me gustaría que sus personajes, desde la Clara de los primeros capítulos hasta el leal Fermín, siguieran en mi mesilla de noche mil meses más. Eso sí, como mi memoria tiene la deliciosa virtud (disculpen mi falta de modestia) de poder olvidar la esencia de las historias que leo, no pasará mucho tiempo hasta que vuelva a sumergirme en la bruma azul de sus rugosas páginas.

"Un libro que no leas dos veces, no mereció la primera lectura"

domingo, octubre 07, 2007

Te doy una canción

Hoy volví a acordarme de esta maravillosa canción de Silvio Rodríguez, un tema que me acercó hace tiempo Carmelo y que hoy yo, como emisaria de los clásicos, quiero traer para vosotros.

http://es.youtube.com/watch?v=wsqurFQx6p0

Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio
y cómo no te me quitas de las ganas,
aunque nadie me vea nunca contigo.
Y cómo pasa el tiempo,
que de pronto son años,
sin pasar tú por mí detenida.

Te doy una canción
si abro una puerta
y de las sombras sales tú.
Te doy una canción
de madrugada,
cuando más quiero tu luz.
Te doy una canción
cuando apareces,
el misterio del amor.
Y si no lo apareces
no me importa,
Yy te doy una canción.

Si miro un poco afuera
me detengo.
La ciudad se derrumba
y yo cantando.
La gente que me odia
y que me quiere
no me va a perdonar
que me distraiga.
Creen que lo digo todo,
que me juego la vida,
porque no te conocen
ni te sienten.

Te doy una canción
y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar.
Te doy una canción
con mis dos manos,
con las mismas de matar.
Te doy una canción
y digo: Patria,
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción
como un disparo, como un libro,
una palabra, una guerrilla...
como doy el amor
.

sábado, octubre 06, 2007

Patricia Nogales

Mi despedida de la Nogales ocurrió a deshora. Hace pocos minutos, más bien, y eso que contamos las 5 de la madrugada en este instante. Y no hubo llantos, como si mañana fuera a entrar en la redacción del periódico y volviera yo a vislumbrar sus ricitos morenos bailoteando al ritmo de las teclas del ordenador, como siempre.




Ahora que he llegado a casa, después de una noche de despedida sin adiós, con un simple hasta luego que sale del alma me doy cuenta de que el lunes, cuando aterrice en la vida 'diaria' de este inagotable turno de 10 días posvacacional no volveré a recibir su visita en el poyete de mi ventana, ni a oler el café que rezuma su sonrisa de pequeña muñeca. Tampoco intuiré su reojillo mirando (curiosa) mi panel fotográfico en el que ella siempre tendrá un papel protagonista, siempre a la altura de las circunstancias.




Se va mi Patri, la hermana, de mi lado. Me deja bien acompañada, lo sé, pero su ausencia comienza a pesar en esta noche de despedidas sin pañuelitos blancos adornados de caracolas ni treguas de broma y pamplinas. Se va de verdad de la buena y ahora estoy empezando a asimilarlo.

Se marchan el caminar desgarbado (pero siempre con gracia, que conste) de sus tirabuzones, su colmillo afilado y la palabra precisa. El titular perfecto, la consulta, los mails en las tardes de invierno (y de verano), su pasión por Helenio y Vicente, su complicidad con Justo, su balcón del Matadero con vistas al polo químico, su orden y concierto... su paciencia infinita.


Qué será ahora de esas crónicas educativas, del rector y Manolo Acosta, de la UHU, de los cheques libro, de la selectividad sin que ella nos la cuente y de la pila de libros sobre el escritorio ajado... La silla azul te espera, como te dijera ayer, Pa. La lágrima llega ahora, al recordar la fotografía vespertina de los compañeros, sazonada con el sabor dulzón de esos pasteles exquisitos que tan poco te gustan. Un segundo apenas congelado para el recuerdo.


No voy a adornar más esta despedida, pequeña. Como ya te dije, pienso (espero con fe, por qué no decirlo) que esto no será más que un hasta luego. Tu rinconcito junto a la ventana, con vistas a la ría de Huelva, te seguirá esperando hasta que decidas volver. Sólo deseo que sepas que sin ti, nada será lo mismo.

Mil besos, guapa. Muchísima suerte!

lunes, agosto 20, 2007

"El público de Huelva me eleva dos peldaños por encima del que estoy"

El cantautor isleño Manuel Carrasco lleva a su tierra por bandera de uno al otro confín de España. Tras recalar el martes en Punta Umbría y anoche en Valverde, hoy sorprenderá con su espectacular directo al público de Lepe.








-¿Cómo es un día de gira para Manuel Carrasco?

-Según donde me pille, pero la mayoría de los días nos levantamos temprano, subimos a la "furgo" y nos hartamos de hacer kilómetros, durmiendo a ser posible. Estamos en reunión la banda y yo todo el día, es como una convivencia. Luego llegamos al concierto, que es nuestro destino.

-¿Hace algo especial antes de subir al escenario?

-Me gusta estar tranquilo un ratito antes, a solas, para centrarme un poco, tomar conciencia de lo que voy a hacer y calentar la voz.

-Suena Busca por las calles, llega la hora de cantar ante el público y... ¿qué se siente?

-Mucha adrenalina. Soy otra persona cuando escucho la música, sobre todo de esa canción, que me desorbita. Me entrego al concierto.




-¿Qué canción es su favorita de los recitales?

-No sabría elegir una, pero la última canción, Tan sólo tú -como pasó en el concierto de Punta-, es la que hace que el público se entregue al máximo, la que confirma que la gente ha recibido las ganas que tú has puesto.

-¿Es difícil mantener la concentración sobre el escenario?

-Puede descentrarme algún problema de sonido, o algo así. Sin embargo, no me pasa mucho y eso me lo ha dado la experiencia. Antes sí me descentraban más los imprevistos. Cuando salgo a cantar, la mayor parte del tiempo estoy conectado al concierto. Éste es uno de mis grandes pasos en el campo artístico.

-¿Tiene alguna superstición que pueda confesar?

-En esta gira siempre llevo un collar con dos púas. Si se me olvida, que me pasa muy pocas veces, es como si me faltara algo. Me ha dado suerte en la gira y si no lo llevo me da coraje.

-¿Se considera exigente?

-Mucho. Con mi equipo y conmigo mismo. Me gusta hacer las cosas bien. Soy muy exigente en el trabajo y no dejo nada a la improvisación. Si alguien tiene que improvisar, que sea yo, que soy el que lleva la batuta. Me gusta estar pendiente de lo que tengo que hacer, y no de lo que hacen los demás. Soy exigente hasta incomodar, pero es lo que hay (risas).


-Ha recorrido buena parte de la provincia con "Tercera Parada" y esta noche recala en Lepe. ¿A qué saben los escenarios de Huelva?

-Saben diferente. No es el escenario, es la gente. Escuchaba estos días al público coreando mi nombre antes de salir a cantar y... eso me pasa sólo aquí. Siempre siento que en Huelva el público me eleva como dos peldaños por encima de donde estoy. Es muy bonito.

-¿Hay algún secreto para meterse rápidamente al público en el bolsillo?

-No, sólo entregarme. Si es que me lo paso tan bien... Y encima se me nota, no lo disimulo, ¿verdad? (risas). Me subo con todas las de la ley a pasármelo bien.

-Imagino que con tanto concierto hay que tener especial cuidado con la voz. ¿Qué hace para mimarla?

-Descansar todo lo que puedo. Dormir y calentar bien la voz. Cuando te tocan semanas como ésta en que vamos prácticamente a concierto por día, es difícil tener la voz al cien por cien. Pero no faltan ganas. Además, si me subo a un escenario es porque sé que puedo cantar. Si te entregas, la voz a veces se resiente.




-¿Le gustaría hacer más conciertos fuera de Andalucía?

-Sí. Me gustaría hacer más conciertos en general. Fuera de Andalucía y de Madrid para arriba, que aún se me resiste un poco.

-¿Cuándo cruzará el charco?

-Para el siguiente disco. Lo vamos a hacer con vistas a llevarlo a América, para que pueda ser promocionado allí.

-¿Habrá algún concierto especial para el fin de gira?

-No, pero puede que salga de un día para otro. No hay nada proyectado todavía. Queda mucha gira por delante y queremos trabajar hasta finales de año.



-Se ha reeditado su disco y, junto a él, se ha publicado un DVD con el concierto de Huelva.

-Tenía muchas ganas de grabarlo y teníamos un repertorio muy completito para que saliera bastante guapo. Hemos dejado una noche de concierto hermosa -aunque era el primero de la gira y teníamos muchos nervios-, en la que todo salió muy bien, para compartirla en su casa con la gente que no puede ir a los conciertos.

-Éste es un disco mucho más enérgico que el anterior. ¿Qué deparará a sus fans el próximo?

-Será distinto, con otro toque, aunque la línea está trazada con este disco.

-¿Ha compuesto ya algunos temas?

-He compuesto, he descompuesto... (risas). Tengo muchas ideas y cosillas adelantadas. Se me ocurre algo y lo grabo.

-¿Qué proyectos tiene para cuando finalice la gira?

-Descansar y empezar a componer. El año que viene tendremos disco.




(Pdta: Prometo ampliar la entrevista, puesto que, por cuestiones de espacio en el periódico, esto es sólo un resumen de los más de 20 minutos de conversación que tuve con Manuel. Las fotos son de mi amol, Josué Correa, en el concierto de Punta Umbría)



viernes, agosto 10, 2007

El trienio josuerraqueliano

Tres años han pasado desde aquella noche de perseidas en el cielo y besos en los labios. Yo no quería y él fue perseverante, constante, incansable.


Bueno, un poquito sí se cansó, pero de ese modo tan sutil consiguió despertar mi interés un 11 de agosto de 2004.

Parece que fue ayer aquel verano de becarios y noches en vela, de Colombinas azules y castillos medievales de Cortegana...


Pasamos hojas al calendario y seguimos unidos. Bonita la noche aquella y hermoso el resto de los días. Hasta lo amargo sabe a dulce si echo la vista atrás y recuerdo su sonrisa embaucadora.

Ahora no cambiaría por nada el intenso olor de sus cabellos de seda, la risa burlona en las mañanas de mayo o, simplemente, el ver la tele juntos mientras devoramos un kebab pringoso.

Exquisitos momentos a su vera, la de Josué, que espero sigan sucediendo día tras día, hora tras hora.

Mañana celebramos nuestro trienio 'josuerraqueliano' (jejeje, nosotros no podíamos ser menos, Juan Ramón) y espero que de nuevo vuelvan a brillar las perseidas (como mis hadas de luz) para nosotros. Te quiero.

lunes, agosto 06, 2007

Te mueve el aire

Aunque hoy no es de esos días en los que uno se entrega al amor con firmeza, lo cierto es que recuerdo aún el fulgor de los ojos de mi príncipe de oro bajo la brillante luz de los fuegos de artificio... Y su pelo... Suficiente para recrearme en este sencillo, pero sentido a la vez, poema.

Te veo llegar
y podría jurar
que te mueve el aire,
que te peina el pelo, celosa,
la piel del viento.

Tan suave,
tan extraño el brillo
en tus ojos dorados...

Te meces,
me besas,
y a veces pienso
que no eres real...

Te mueve,
lo afirmo.
Te mueve el aire.

Disculpen mi ausencia

Tengo abandonado el blog, lo sé y lo admito. Espero que mi puñadito de lectores, poquitos, pero selectos, sepan perdonar mi larga ausencia, que no viene dada más que por el verano de periódico que llevo, Colombinas pa'rriba, fiestas varias pa'bajo (trabajando, para no variar).

Ahora que estoy esperando una interesantísima noticia de un corresponsal acerca de un pleno en Bollullos, aprovecho para dejarles esta sencilla misiva que no busca en vosotros otra cosa que el perdón. Volveré pronto, lo prometo. Besos.

miércoles, julio 11, 2007

Nada es igual

Se me declaró tu duda
con una sola mirada
y se me tiñó de negro
todas mis ganas.
Cuando el verso se lastima,
brotan las lágrimas.
De visita en el infierno
sin hacer nada.

Se me reveló la espera
por la angustia mas amarga
y me sorprendió la muerte
por mi ventana.
Desatado sin tus besos
abrí las alas;
es lo que me queda ahora,
volar sin alma…

Quedó el amor anclado en la desidia,
quedó mi voz para gritar “hay vida”,
pero triste el corazón.

Sin ti nada es igual
porque la vida no se tiene
que sopotar sin tu cariño, amor.
Y ahora sin ti
yo que te di mi amanecer,
mis triunfos, mis derrotas,
mis locuras y ni sé
por qué no sirven…
Y aunque tú te has marchado
yo te espero en mi ignorancia.
Sirena… que sepas que mi corazón
te espera.

La noche se presta a hacerme
compañía sin consuelo.
La televisión me grita
que no entiendes de tormento.
Me paseo por mi calma
Pa’ ver si puedo
respirar el aire libre
que sabe a nuevo…

Sin ti nada es igual…. Sirena,
Que sepsa que mi corazón aún te espera.

Letra, música y vo de Manuel Carrasco. Preciosa, verdad? Escuchadla en youtube

http://es.youtube.com/watch?v=n-OY-DTJsEc

viernes, junio 29, 2007

El sueño estuvo cerca...

Ya me olía a mar en mis mañanas y a puestas de sol adormecidas... Era difícil, no imposible. Pero el sueño se esfumó tal y como se vino a mi vida, como las olas del mar al estrellarse en la orilla. Fue bonito mientras duró y también fue duro. Pero los sueños, sueños son.

miércoles, junio 13, 2007

El secreto de Juan Ramón: Platero

Iniciamos en noviembre (creo que fue, aunque la memoria a veces me falla) un apasionante viaje a Madrid con la Fundación El Monte. Yo, que trabajaba en ese momento en ICS y me encargaba de la susodicha fundación, fui la elegida de la empresa para realizar este viaje relámpago que aunque fuera breve, fue, sin duda, apasionante. Tenía ganas de hablar de ello en el blog, la verdad. El motivo, la exposición Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel (1956-2006), que celebraba el cincuenta aniversario de la concesión del prestigioso premio al poeta de Moguer en una ubicación de lujo, la Residencia de Estudiantes de Madrid (con la visita de las ministras de Educación, Mercedes Cabrera, y la de Cultura, Carmen Calvo, incluidas). Pero esta es otra historia.

Además de compañeros de los medios de comunicación onubenses como Rafa López (Onda Cero) y Juanmi (Odiel Información) y otro cámara de Antena Huelva de cuyo nombre no consigo acordarme, nos acompañó el entrañable delegado en Huelva de la Fundación El Monte -ahora CajaSol-, Domingo Prieto. Nunca he conocido a nadie al que le apasione tanto el arte como a él. Es una enciclopedia abierta de la que se pueden extraer tomos tan interesantes como el que quiero abordar en este post.

El motivo no es otro que Platero. Justo antes de coger el AVE en Sevilla nos arremolinamos todos en torno a Domingo, que tiene esa cara y esas hechuras entrañables del abuelito cuentacuentos, de Papá Noel, para que nos contara media vida de Juan Ramón.

Nos desveló cosas no muy bonitas sobre su persona, la verdad, pero no por ello menos interesantes. Decía Domingo que Juan Ramón era un mujeriego obseso del sexo, poco cuidadoso en las formas, un tanto excéntrico, con ese grado casi enfermizo de locura que han de tener todos los genios. Historias de casamientos, de pérdidas... parecía una telenovela, vamos. Cayó el mito, pero lo mejor estaba aún por llegar.

Sabéis esa sensación de, cuando fuiste niño, y te enteraste de que los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez eran tus padres, ¿no? Pues eso. El que no quiera saberlo y pasar de nuevo por esto, que no siga leyendo. Para los arriesgados, aquí va el secreto: "Platero no existió nunca". Así nos lo espetó el abuelito Domingo, sin más rodeos. "¿Cómo es posible eso, si hasta hay una tumba bajo un árbol junto a la casa natal de Juan Ramón en la que se dice que está enterrado?", dijimos con cara de poema, nunca mejor dicho.


Josué Correa


"Platero fue, probablemente, una invención del poeta. Nunca tuvo un burro ni un caballo. Puede ser que se inspirara en un caballo que tenían sus vecinos, pero nunca existió un burro que perteneciera a Juan Ramón". Dios, ahora sí que cayó el mito. Nos quedamos de piedra, como imagino que os habréis quedado algunos de vosotros (sólo aquellos que hayáis leído Platero y yo y tengáis la sensibilidad suficiente para entender la dimensión de esta noticia, claro). Bueno, y para los que no, seguro conoceréis eso de:

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes, gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal... Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
-Tien'asero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo. (Platero y yo, Juan Ramón Jiménez)


Mágicas palabras que acompañaron mi niñez. Maravillosa imaginación la del Nobel. Besos a todos.

martes, mayo 29, 2007

Llorar y reír al mismo tiempo

Retomando un post del chico de la chaqueta azul titulado 'Hablar y llorar al mismo tiempo' voy a contaros algo que me sucedió anoche. ¿Se puede llorar y reír al mismo tiempo? Y no hablo precisamente de llorar de alegría ni de ir soltando lagrimillas por ahí, alegremente. No. Hablo de sentimientos, de sentir un dolor profundo en el alma y no poder dejar de reír y reír a carcajadas mientras lagrimones como puños resbalan por tus mejillas y te van dejando un delicioso sabor salado en la boca.

Bueno, empiezo por el principio. Ayer fue un día extraño. La resaca electoral nos dejó a todos mal cuerpo, un cansacio tremendo difícilmente descriptible para el que no trabajara el domingo en el periódico, con los nervios en la barriga durante el avance del escrutinio (parecía una final de OT o Gran Hermano, pero a lo bestia; 72 pueblos en Huelva, 72 finales) y la salida del trabajo a las tres de la madrugada. Nunca olvidaré mi titular: "Vuelco electoral en Isla Cristina", ni la triste voz de Paco Zamudio (que fuera alcalde andalucista de mi pueblo con mayoría absoluta en 2003 y durante 12 años) y la rimbombante alegría de María Luisa Faneca (nueva alcaldesa del PSOE, con mayoría absoluta también ella).

Y el hambre de después. No sé si lograréis imaginarnos a Josué, Inma Gallego, Rosa Font, Dona y Ana Vives buscando como locos a esas horas un lugar en el que comer. Todo cerrado señores. Domingo de Pentecostés y 27-M, demasiado para el cuerpo. Cenamos por fin en una gasolinera, en la que su "gasolinero" tuvo a bien calentarnos y puñado de bocatas de lomo embuchado, lomo y bacon, pasarnos unas cervezas fresquitas y permitirnos fumar en plena estación de servicio. No faltó ni la Policía a tan señalada cita. Claro, los hombres vieron allí demasiado movimiento para las horas que eran y se acercaron a echar un vistazo. (De izquierda a derecha, yo con los fritos, Rosa, Ana, Inma oculta y Dona. Josué hizo la foto)






En fin. Que ayer, día de resacón y análisis postelectorales, llegamos a casa con ganas de ver una película. Haciendo un zapping nos topamos con '¿Conoces a Joe Black?'. La habéis visto? Me parece maravillosa, pero es tan tan tan triste... Le advertí a Josué que al final de la peli lloraría. Me ha pasado ya en varias ocasiones, pero parece que el ser humano es masoquista.

Y efectivamente, lloré. Como una Magdalena. Era para verme. Pero es que siempre me ha obsesionado el tema: la muerte. No quiero desvelar más detalles para aquéllos que no la hayáis visto. En fin, al grano. Que lloré y lloré a moco tendido hasta el punto de contagiar a Josué. Entonces nos miramos y empezamos a reírnos a carcajadas, pero sin dejar de llorar. Extraña sensación. No la había experimentado antes, por eso os cuento esto. Nos reíamos porque nos sentíamos ridículos, creo. O tal vez no. Os lanzo una pregunta: ¿alguna vez habéis llorado y reído al mismo tiempo?

miércoles, mayo 16, 2007

Lolo se nos ha enamorado

Concierto de Aljaraque. 12 de mayo de 2007

Eran poco más de las siete de la tarde cuando me sumé a la cola del concierto. Ya estaban allí mis lolillas y nuestro nuevo fichaje: Iker, el peque de Rocío y Álvaro, que no paraba de regalarnos sonrisas desde su cochecito turquesa y verde antes de que su papá se lo llevara a casa.

Pude ponerle cara por fin a Lucy, la nueva presi del CFAMC, que se acercó a nosotras cargada con el merchandising del club. "Enhorabuena", le dije, le planté dos besos y le di mi número de teléfono: "por si necesitáis algo", le comenté. Ella también me dió el suyo, que estas cosas siempre son buenas para una periodista.

Tras un ratillo esperando me acerqué a la entrada. A través de los minúsculos recuadritos de la valla pudimos ver ya en el escenario a Manuel (gafas de sol y camiseta naranja) supervisando el escenario para que todo quedara perfecto.

Luego, al abrir y cerrar las puertas, llegó el desbarajuste a la cola. "Echáos p'atrás", decía el segurata sin que le hiciéramos demasiado caso. Se abrió por fin la verja y con ella la veda para salir pitando hasta el escenario. Poco a poco se fue llenando el recinto... hasta los topes. Por Dios, allí no cabía un alma!

Los primeros acordes de 'Busca por las calles' (la melodía de mi móvil, por cierto) comenzaron a sonar pasadas las 22 horas. Y entonces apareció él, sonó el estruendoso grito de bienvenida y a cantar se ha dicho.

Nos percatamos pronto de la presencia de dos morenazas a la izquierda del escenario. Sentadas sobre un altavoz y cubata en mano, las chicas parecían pasarlo pipa con nuestro Lolo. "Esa será la novia", decía una. Ay, Dios mío, pero quiéeeeennnnnnn! Nos pasamos medio concierto disfrutando con Lolo mientras mirábamos de reojo a las morenas en busca de un detalle escondido que nos desvelara la verdad.

La sonrisa de Manuel era diferente a la de siempre. Cambió esa ligera tendencia de venir a cantar a nuestro lado, a la parte izquierda, es decir, hacia su derecha. Todo nos sonaba raro. De pronto nos dimos de cara con la realidad: Lolo se nos ha enamorado. La joven es una morena guapísima, que aplaudía sin demasiada gracia, no se sabía las canciones y hacía fotos cada vez que tenía ocasión. Sí, ya lo sé, suena a celillos, jejeje, pero sin maldad, que conste. Pero es que le dedicó varias canciones, como 'Quiéreme', mi favorita por siempre, y eso es un trago, eh? Jajajaja. Bueno, perdonadme estas pinceladas de prensa del corazón, pero es que os prometo que hasta soñé aquella noche con la morena y con Manuel, ufff, qué coraje.

Por lo demás, que al fin y al cabo es lo más importante, Manuel estuvo impresionante. Me hizo llorar el muy puñetero recordando nuestra Isla Cristina blanca en 'A vec es te imagino'. Me encantó el momentazo en el que cogió una bufanda del Recre que le habían tirado al escenario y saltó como un poseso mientras la agitaba con fuerza. Terminó de meterse al público en el bolsillo.
También en el que volvió a escalar al más puro estilo 'Mujer extraña' de su segunda parada por la columnata del escenario en no recuerdo muy bie que canción. Cualquier día se nos parte la crisma (y la otra venga a hacerle fotitos, oye!) Y madre mía esa plaza de Las Monjas con su cartelito de Tercera Parada, y ese apoteósico final con 'Tan sólo tú' y... todo, hijo mío, es que es todo. Sin desperdicio.

La próxima cita, en julio. Tharsis nos espera con los brazos abiertos, como nosotros esperamos a nuestro niño, al angelito de los ojos verdes. Qué llegue pronto y que venga sin novia!

martes, mayo 15, 2007

Mi cita favorita

Siempre tuve una gran admiración por Nietzsche, aunque no siempre estuve de acuerdo con su forma de pensar y de sentir la vida y de la que a Mao le gustaba hacer gala. Pero esta frase, que leí un día de casualidad en una pintada de tiza sobre la pizarra verde de cualquier clase del instituto, me marcó para siempre.

"Así decía el hierro al imán: te odio más que a nada porque me atraes sin que poseas fuerza suficiente para fundirte conmigo"

No me digan que no es maravillosa.

viernes, mayo 11, 2007

Los diez segundos más intensos de su vida

Era un día cualquiera de cualquier mes de primavera. Se había levantado y sin desayunar había puesto rumbo fijo al trabajo. "Otra vuelta a la rutina, de nuevo lunes", se dijo. La mañana transcurría con normalidad hasta que ocurrió algo, un destello de regreso al pasado, una aparición con nombre propio que la dejó sin voz durante varios minutos.

Caminaba él, un pasado amor al que dió por imposible, por la acera de enfrente. Camisa amarilla, vaqueros grises y carrito en mano (el susodicho trabajaba en Correos), avanzaba por la calle con pisada firme hacia el museo.

Entonces recordó lo feliz que llegó a ser entre sus brazos, fuertes y rudos como su espalda ancha. Los recuerdos hirientes regresaron desde Dios sabe dónde a desmoronar su entereza de mujer madura.

Quiso gritar su nombre y no pudo. Quiso correr a su encuentro, pero desde la otra orilla de la calle el maldito peatón luminoso estaba en rojo. En un alarde de valentía pensó: "ahora se abrirá el semáforo, le sorprenderé por la espalda y le preguntaré qué tal le va la vida".

Pero el semáforo se hizo eterno, su valor se quedó tan pequeño como el amor que nunca tuvieron y cada uno siguió su camino. Direcciones opuestas. "¿Para qué tentar al destino?". Y le dejó marchar, sin más, sin remordimientos. Prefirió guardarse en su corazón herido por lo que pudo ser y no fue, "los diez segundos más intensos de mi vida"...

Cuando la ría huele a mar

La marea baja regalaba el jueves a la ría de Huelva una pequeña playa. La orillita en cuestión se cobijaba del relente en el Muelle del Tinto, impresionante estructura de metal que sabe aún a ancestral minería y a cobre rojo.


En la barquilla turquesa un grupo de niños jugaba, mientras otros dejaban que el mar les acariciara la espalda, como el calor marinero. Olía intensa la sal de sol de verano. Brillaban las hadas de luz en Huelva, como si el Polo Químico, enemigo infame de su belleza (cruel villano), no hubiera existido nunca. Foto: Josué Correa

miércoles, mayo 02, 2007

Mar azul

Decía Federico García Lorca (¡qué grande!), que "el mar es el Lucifer del azul: el cielo caído por querer ser la luz". Hoy lo contemplo a lo lejos, brevo y rugiente como en mi memoria. Sus manos te mecen el pelo rubio, arremolinado de viento y agua. La espuma es blanca, de nubes que navegan al compás que marca la brisa mientras bailan las palmeras.

Hueles mar, de infinitos verdes profundos, a la sal marinera de mi pueblo blanco. Cantas, mar, tu nana de rompeolas a la arena de la orilla del sol de mayo.