sábado, abril 28, 2007

El viejo Colombino comienza ya a ser historia

Lucía radiante la mañana de sábado, de manga corta y sol primaveral. El viejo Colombino mostraba su cara amable, aunque desmejorada y triste, a una decena de periodistas y otros tantos gráficos que nos habíamos reunido en la zona de gol norte, junto a la plaza Houston de Huelva. Allí, cómo no, el alcalde y su equipo de Gobierno, y cada vez más y más vecinos que contemplaban atónitos cómo dos imponentes retroexcavadoras amenazaban sus cincuenta años de existencia.



Yo no viví ningún ascenso del Recre en ese lugar, pero confieso que un escalofrío recorre mi espina dorsal cada vez que oigo los relatos de las vivencias que Josué, Alberto y otras personas allegadas cuentan han tenido en el Colombino. Sin embargo, sí recuerdo la primera y mágica noche del primer concierto de Manuel Carrasco en Huelva (aunque iba con el resto de triunfitos no tuvo desperdicio). Recuerdo lo que quedaba de césped cubierto con un plástico azul celeste y la carrera para llegar cuanto antes al encuentro de Lolo. El escenario, imponente, estaba situado precisamente en esa zona de gol sur, esa misma a la que las excavadoras le hincaron el diente ayer con su febril estruendo de ruina.

Primero la foto de rigor, Rodri subido en la máquina, orgulloso de que, tras ocho años de bloqueo al proyecto de Isla Chica, por fin el Colombino se vaya al garete. Entonces sucedió. La pala destrozó primero un pedazo de valla metálica y del alambre de espinos que rodea al estadio. Implacable, volvía una y otra vez a eliminar ese resto vivo de la historia de Huelva y del Decano del fútbol español. Giré la cabeza y pude ver a un hombre, pañuelo en mano, que se bebía las lágrimas. Me recordó al derribo del Gran Vía, el teatro de mi pueblo que ya tampoco existe.


Unos hacían fotos, otros simplemente contemplaban en silencio la muerte del viejo campo de fútbol. El Colombino se desmoronaba sin oponer resistencia, parecía cansado y esperaba la muerte sin complejos. Tras haber caído buena parte de la techumbre, una de las paredes de azulejos blancos veía por vez primera la luz del sol y revelaba un emotivo mensaje a los cuatro vientos: "¡Viva el Recre!".

Tres meses durará la agonía mortal del viejo Colombino. Después del verano ya no quedará nada del anciano estadio, de sus taquillas vacías y de sus gradas blanquiazules. Después del verano, las noches mágicas y las tardes de fútbol quedarán relegadas al recuerdo, a los relatos de abuelos que contarán a sus nietos que allí vieron crecer al Recreativo de Huelva. Una pena, pero así es el maravilloso mundo del urbanismo.
Fotos: Alberto Domínguez

El cuarto de los juguetes

Durante toda mi vida, la casa de mis abuelos maternos, Mariquita y Antonio, se erigió como mi templo de los juegos de niños. El piso, enorme y enigmático, abría sus pasillos ante mí con la intención de mostrarme el camino hacia el lugar soñado, la habitación de la diversión: el cuarto de los juguetes.

Para que te ahagas una idea, el cuarto de los juguetes era enorme -al menos para mis ojos infantiles- y estaba rodeado en todo su perímetro de un sinfín de cajas de cartón de sabor marinero (aparecía una gamba gigante de 'El Alba'), apiladas en montañas de secretos vestuarios con los que poder hacer realidad cualquier cosa que uno imaginara. Aquellas fantásticas cajas guardaban ropa, zapatos, sombreros... algunos tan antiguos que a una le daba pena usarlos para representar un papel de princesita de barrio mientras jugaba a las casitas. Además, podías hallar tu ropita de bautizo, el traje de boda de tu madre, tu traje de comunión... Todo estaba ahí, encerrado entre esas cuatro paredes de fantasía.

Presidían el habitáculo un almanaque de la Virgen del Carmen y una retaíla de juguetes que parecía no acabar nunca: barbies, barriguitas, nancis, chochonas (tenía una de la feria con el pelo rosa fucsia que era mi favorita), nenucos... Recuerdo a mi hermano Jose vestido de pingüino, ataviado con el marengo traje de casamiento de mi padre y una chistera de sabe Dios quién. ¡Qué buenos momentos aquellos de disfraces sorprendentes! Y luego, a recorres el pasillo, girar a la izquierda hasta "la galería" y continuar todo recto, y volver a girar a la izquierda para llegar al salón de sofás rojos de mis queridos abuelos. Entonces, mi yeye Antonio se echaba unas risas mientras entonaba alguna canción de Carnaval antiguo, porque este disfraz le recordaba a no sé qué comparsa de antaño.

Me gustaba jugar, disfrazarme y cantar mientras tanto. O dibujar en una hoja de papel cuadriculado sobre el suelo helado del cuarto de los juguetes mientras veía el ocaso del sol reflejado en sus paredes beig. Levantar la persiana cuando estaba cerrado, echarle el cerrojo para esconder los secretos, corretear por su espacio hasta caer rendida. El cuarto de los juguetes era mío, y tan nuestro que nunca podrá caer en el olvido. Hacía tiempo que no caía en la cuenta de su existencia, en la de los años dorados que viví entre sus cuatro paredes, de las que ahora queda muy poco. Anoche, en una conversación con Josué, Dona y Ana volvieron a mí todos sus recuerdos. Disfrútalos también tú.

lunes, abril 23, 2007

20 de abril

La luna había cenado sol aquella noche y la madrugada me deparaba una esperanza adormecida, adolescente y cruel. Los ojos marrones de la noche se decidieron entonces a acercarse a mí y encerrarme entre sus manos del destino.

Olía a sal el muelle de Isla Cristina cuando me besaron sus labios por primera vez, olía a cielo azul su boca suave… Era primavera de ‘Spacemen’ y Alburraca, de amor resurgido del fondo del alma.

Pero como dice la canción de Celtas Cortos, “ya no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado…” y este 20 de abril ha sido tan distinto… La fecha sigue sin embargo marcada a fuego en mis recuerdos de aniversarios felices y sueños rotos de ocaso.

Ahora la recuerdo con nostalgia de lo que pudo ser y no fue, de las sonrisas tiradas a la basura y de los brazos de otras personas que no eran los míos, ni los tuyos. Mi corazón ya no te pertenece, pero sí me queda en la memoria la escena de las luces naranjas del muelle encendido, como aquel beso de la media noche de un 20 de abril del 96.

jueves, abril 12, 2007

Declaración de intenciones

Quiero tener al menos tres hijos,
seguir escribiendo
hasta el día en que me muera.

Quiero ser más inteligente,
más lista y astuta,
más fuerte y altiva.

Quiero una casa cerquita del mar,
pasear por la orilla de la dulce Higuerita,
tener mil cigüeñas en mi campanario
de paredes blancas y lunas dormidas.

Quiero encontrar a un hombre que me ame,
que muera por mí
y me devuelva la vida.

Quiero un poema azul
para mis mañanas,
quiero mil besos en las despedidas.

Quiero que me abracen cien veces al día,
que me canten canciones de amor al oído,
que acaricien mi espalda y me quede dormida.

El principio del fin

Muchas veces construimos castillos en el aire, pensamos que la vida nos sonríe, a pesar de sus constantes zancadillas. Anoche lloré durante horas, como hacía tiempo que no lo hacía...


Guardaba un puñado de sueños
que pensaba compartir contigo.
Te los tenía reservados
en este bolsillo del alma.

Estaba segura,
te había encontrado.

Seis palabras bastaron
en la habitación del eco
para destruir los pilares
de mi castillo de naipes.

He visto la verdad en tus ojos,
el desamparo cruel
del amor que abandona,
irreverente,
tu corazón y el mío.

martes, marzo 27, 2007

Tiempo

El tiempo que se marcha. El tiempo que no pasa. El tiempo infatigable que nos hace pequeños, el tiempo…


Cae la tarde
sobre el horizonte
de cemento de la ciudad.

El día es largo
y el sol se resiste
a ponerse sobre los tejados.

La noche
me había prometido
volver pronto.

Pero es vil mentirosa
que no regresa.

El día se hace eterno.

Y una mariposa inerte
revolotea silenciosa
alrededor del tiempo.

jueves, marzo 22, 2007

Regresa la poesía

Hace mucho tiempo creí que la inspiración se me había agotado, tal vez por ser feliz, como sabiamente indica en Patri en su post -que acabo de leer-. No tengo tiempo, me digo; me excuso, más bien. Y mira por dónde, en medio de este turno interminable de diez díaz seguidos de duro trabajo, regresan las musas a mí en mitad de una rueda de prensa, sin comerlo ni beberlo, vamos. Alguien dijo la palabra mágica, la oí como un eco que se introdujo en mí: "...el mar...". Y entonces aprendí que a pesar de ser feliz y de tener cerquita la ría onubense, echo tanto de menos el mar como él a mí -o así lo pienso yo, porque esto no es cosa de uno solo- y me salió esto. Espero que os guste. A mí me recuerda a los viejos tiempos en los que escribía a diario. Pero ahora sé cuál es el truco: voy a escribir mientras voy a una rueda de prensa aburrida, que son muchas, y dejaré que mi valioso Mp3 haga el trabajo por mí. ¿Qué os parece?


Desnudo y salado
me besa el mar
de madrugada.

Se me cierran
los párpados cansados
mientras
canta la Luna
su nana de espuma.

Se me cuela
la arena
por los poros del sueño
mientras la Luna
canta su nana
de espuma.

Te extraño
en mis manos
cargadas de invierno.

Mientras,
la nana de espuma
devora mis lunas.

domingo, marzo 18, 2007

Huelva, Huelva, Huelva...

Los nervios comenzaron por la mañana, desde la primera rueda de prensa a la que fui, un tostón de politiqueo que no había quien aguantara a esas hora -y menos con el resacón del viernes-. Tenía prisas y algo de estrés. Necesitaba salir del periódico cuanto antes para incorporarme a la cola del Palacio de Deportes.

Para curarme en salud, creí conveniente que mi compañero (Canterla, el fotógrafo) y yo nos acreditáramos como Dios manda, pero no hubo manera. "Es que había que acreditarse el día de la rueda de prensa", me espetó Manolo con esa gracia natural que le caracteriza -es ironía, se entiende-. En fin, que en el Ayuntamiento no tenían ni idea y se me ocurrió darle un toque al pedacito de pan de Damián Vidal, de Vale Music, del que guardo el teléfono de una entrevista anterior.

El pobre hombre fue amable y me dijo que "este concierto no lo roganizo yo, hija mía, eso lo llevan los de Jet Management, así que no sé como va el asunto". Vidal me recomendó que me pasara por el Palacio por si andaba por allí un tal Adrián, rock manager de Lolo, y así lo hicimos. Pero en este vertiginoso oficio nunca se sabe a qué deshora se sale de la redacción, y llegamos al lugar citado a las 14.30 horas. Tarde, claro está. "Todos comiendo", nos dijo un señor en la puerta, "venid por la tarde". Pufff. Imposible. Teníamos que seguir trabajando, y yo a marchas forzadas, para salir corriendo cuanto antes al encuentro de Manuel.



Entretanto, Canterla hizo algunas fotitos de las niñas en la cola, todas allí sentaditas en la acera, con el solano que estaba cayendo. La fila ya daba la vuelta a la esquina del pabellón.
Cuando volví al periódico eran las cuatro de la tarde. Tempranito, para acabar pronto, me dije. Mi móvil comenzó a sonar. mis niñas ya estaban en la cola, y yo montando páginas del periódico por un tubo. Y una, y otra, y otra, y otra... Y el reloj que seguía su transcurso sin piedad. Ay, Dios mío, vaya nervios.


Cuando por fin conseguí finalizar mi jornada laboral eran las 20.45 horas (aunque había terminado un cuarto de hora antes, sólo que tuve que hacer con menos placer del que merecía la foto de la última -página- de mi isleño de ojos verdes). Llamé a un taxi y salí pitando para el palacio, pero el taxista parecía no tener mucha prisa. 20 minutos en el coche; por Dios, fue interminable. Llegué y ya estaba el público entrando al recinto, y me puse muy nerviosa: no tenía acreditación para entrar directamente, no sabía dónde estaban las Lolo fans y las piernas me temblaban, como siempre lo hacen las muy puñeteras antes de cada concierto.


Aún no habían entrado, las localicé y entramos de forma ordenada. Y mis piernas con tembleque. Vaya telita. Una vez dentro, la esperada espera, el reencuentro. Me sentí afortunada, porque había conseguido hablar con Manuel dos días antes, el jueves en la rueda. "Cómo te va, Raquelilla?", me dijo con esa sonrisa que quita el sentío minutos después de que mi móvil sonara estrepitosamente enmedio del acto con 'Busca por las calles' a todo volumen.
Y allí estábamos de nuevo, nosotros con él y el con su Huelva, con su Isla Cristina, con su gente del alma que es la que más lo quiere. Comenzó el recital, para mí el mejor de todos a los que he ido de Manuel Carrasco. Salté y canté con él como nunca, y me imaginaba invitándolo a unas cervecitas en mi casa, cantando Carnaval de Isla y echándonos unas risas sobre las cosas del pueblo.



Imaginé por un momento que podía hablarle tranquilamente y contarle que, aunque esté viviendo en Huelva, a veces me siento tan lejos de mi puerto, de mis dunas y de mi playa como él. "A veces te imagino con las olas, como siempre tratando de escapar...". "Montañas de sal, mi luz, mi puerto, mi lugar, un pedacito de mi ser, refugio en la deriva de esta vida que me arrastra cada amanecer, cada atardecer yo vuelvo a navegarte con mi barco y mi guitarra de papel". Qué momentos ambos de lágrimas contenidas, de querer gritarle que me siento igual que él, lejos de la salada dulzura naranja de Isla Cristina.

Pero si he de elegir me quedo con una instantánea: Manuel cantando 'Tan sólo tú', dando saltos en la pasarela entral, con el cañón de luz apuntándole a la cara... Parecía flotar entre el público. Maravilloso.


Y luego más saltos y esa parada de Emtusa para emular la plaza de Las Monjas que nos hizo reir durante un buen rato. Qué detalle, con su banco y su farola y todo. Las palmas del público gritando ¡Huelva, Huelva!, emocionantes. Y las bulerías, ainss, que maravilla. Faltó, para mi gusto, un fandanguito de Huelva, pero se lo perdono, que ya caerá en otros conciertos.

Acabó y pareció tan corto... Se nos quedó a todas ganas de más y un vacío en el alma que sólo volverá a llenarse cuando volvamos a ver el cuerpo, el pelo, los ojos y el ARTE de Manuel, de Lolo, mi Lolito, de nuevo sobre las tablas del escenario. Y que dure muchos años.

Besos a todos. Las fotos, maravillosas todas, me las ha cedido Canterla. El mérito es suto. A ver si os animáis con los post, que no os estiráis nada de nada, eh?

domingo, febrero 04, 2007

Josué Correa: Premio de Periodismo Ciudad de Huelva 2007

Le hacía falta un empujoncito, una inyección de moral que reafirmara lo que ya todos sabíamos por la calidad de su trabajo: que está entre los mejores fotógrafos de Huelva (lo digo con algo de modestia, porque para mí es el mejor de forma indiscutible).

Con más mérito si cabe que en otros años, en los que se había insinuado en más de una ocasión que los premios estaban amañados, Josué ha conseguido hacerse con el ansiado Premio de Periodismo Ciudad de Huelva. Y digo lo del mérito porque esta vez el jurado no estaba formado por personas de Huelva sobre las que unos u otros puedan ejercer algún tipo de influencia o camaradería, sino por Carmen Fernández, presidenta del Consejo Audiovisual de Andalucía; Eduardo Moyano, director de Radio Exterior de España; Vicente del Amo, fotógrafo y profesor de la Universidad de Granada y por Álvaro Ybarra, director del periódico ABC de Sevilla.




Explosión de júbilo recreativista, por Josué Correa


Era el mediodía cuando Juan Eslava le comunicaba la noticia por teléfono. Entonces, vino al salón y, cuando me lo dijo, nos abrazamos y dimos saltos como si nos hubiera tocado la lotería (hubo de todo: baile del delfín, canciones de los mochos, jajaja). "Tampoco es para tanto la cuantía del premio", dicen. No es para tanto según se mire, pero lo importantes es que ayuda. Y lo mejor no es eso, sino lo que hablaba antes de la inyección de moral.

Se lo merecía. Por inventar, crear e imaginar fotografías con composiciones imposibles, por retratar la realidad de Huelva y hacerla tangible a los lectores de Huelva Información, "por transmitir todo el sentimiento recreativista que se vivió el día del ascenso a Primera División".

Por todo, Josué se reafirma como uno de los pilares del periodismo gráfico de Huelva. Enhorabuena, cariño. Y que sean muuuchos más.

lunes, enero 15, 2007

El regreso: primer día en Huelva Información

He vuelto. Sí, sí. Son muchos los que me han preguntado a lo largo de este día agotador, no por la carga de trabajo, que la verdad ha sido casi inexistente, sino por la desubicación (a pesar de que esta redacción sigue siendo como mi casa), el cambio de costumbres... la nueva vida, en definitiva.

La parte feliz es otra. Es la de saberme útil, profesional, integrada en este ambiente periodístico que tanto me gusta. Y, por supuesto, la de reencontrarme con mis compañeros. Patricia, Anita, Dona, Fran, Rodolfo, Alberto, Vicente, Camacho, Maribel... Cabe reseñar, para los que no lo sepan, que nunca me he desligado por completo de Huelva Información. Aquí me gesté como periodista, aquí tengo un buen puñado de amigos y aquí trabaja mi príncipe de cabellos dorados: Josué. Me reconforta también saber que de este modo lo tendré más cerca y que podré volver a viajar con él a mil lugares para realizar un apasionante reportaje.

La peor parte es la de haber dejado atrás a mis compañeros de ICS, con los que daba gloria trabajar y con los que pienso seguir manteniendo una relación constante: Lozano, Ismael, Paquito Núñez, Adela, Diego y Víctor. No pienso dejar atrás los deliciosos zumos de naranja y el pan con aceite y tomate del Imbros, ni la porra futbolera o el Euromillón. Eso ni hablar. Ni las risas, las charlas y las críticas, tan destructivas como desternillantes.

También me desubica mi mesa, en tierra de nadie y lejos del jolgorio del 'hermano', Dona, Patri y Vicente. Pero todo es acostumbrarse.

En este primer día de trabajo en el periódico, sin duda, lo que más me entristece, es no poder tener cerca a mis niños del alma. Pero mañana será otro día.

jueves, enero 04, 2007

El Rey negro de los ojos verdes

La noticia, bueno, más bien el notición, llegaba a mis oídos el día de la rueda de prensa, hace apenas una semana. "Manuel Carrasco será Rey Mago en Huelva", me escribía Josué en un mensaje. Fue de esas noticias inesperadas que, al contrario que otras catástroficas como las del atentado de la T4, le alegran a una la jornada laboral, el fin de semana y el mes, si nos ponemos.







Lo supe de primera mano porque Josué estaba en la rueda de prensa en la que lo anunciaba Rodri. Y me faltó el tiempo para colgarla en la comunidad de lolillas del msn de la que tanto me gusta entrar y salir en busca de cualquier información o imagen que se refiera al cantante de mi Isla Cristina (http://groups.msn.com/ClubdeFansAmigosdeManuelCarrasco). Desde entonces, espero con impaciencia la cabalgata de mañana, la instantánea de ese negrito Baltasar de ojos verdes que hoy no ha podido asistir a varios actos por falta de hueco en su agenda. Y que no falte, hijo.

Esta noche dormiré como un angelito al que le espera mañana un regalo suculento. Tendré dos noches de ilusión, dos noches para intercambiar palabras, tesorillos y sentimientos. Hay mejor manera de empezar el año?

Por cierto, feliz 2007 a todos y disfrutad de la cabalgata. Y que sus majestades de Oriente -¡yo me pido el negro!- os traigan muuuchos regalitos que sean, al menos, la mitad de buenos que Manuel Carrasco.

viernes, diciembre 01, 2006

Luces de Navidad

De día aún y 1 de diciembre. Pero ahí están, de nuevo, como si este año se hubiese esfumado en un suspiro. Ellas están ahí para recordarnos que va llegando la hora de comer gambas y jamón a mansalva, y de estrujarse la sesera pensando qué regalar a unos y otros, y de gastarse el sueldo del mes en los dichosos presentes, y de felicitar al personal, y de la cena de empresa, y del turrón y los polvorones, y de poner kilos por un tubo... "¿A ti te gustan las gambas?", que diría mi querido Camacho Malo. Ya están aquí, han vuelto. Son mis bodas de plata con estas fiestas que antes me gustaban tanto y que poco a poco van perdiendo sustancia, la savia que me arrastraba a contar los días, las horas y los minutos para la Nochebuena.

La estampa navideña en mi casa solía ser divertidísima. Primero la exquisita cena preparada por mis padres (manos de santos que tienen los dos). El postre, la charla y... la música.

La música siempre estuvo presente en nuestras noches buenas. Primero, de entrada, el villancico de mi abuela María, que hablaba de una madre de nombre homónimo que buscaba una cunita para dormir a su hijo. Imposible arrancarlo de la memoria. Poco a poco nos íbamos animando. Mi abuelo no tardaba en coger un par de cucharas y un cuchillo para inventar un maravilloso instrumento con el que acompañar la melodía. Luego llegaban la guitarra, los villancicos de Lepe, mi abuela con la baba caída cuando cantábamos María la Portuguesa y mi abuelo marcando ahora el ritmo, repiqueteando con los nudillos en la mesa.

Lo de mi abuelo era el ritmo. Trabajó durante años como batería de una orquesta, antes de convertirse en maestro redero, profesiones ambas que a mí siempre me parecieron fascinantes. De ahí que todos le llamaran Antonio 'el jamba' (el jazz-band, pero en isleño). Mi abuela María contaba unas historias preciosas, de pobres y ricos, de gente buena, de sonrisas y llantos...

Cómo los hecho de menos en esta nostágica tarde en que las luces anuncian la presencia de otra Navidad en que siguen faltando los que ya no están y las fiestas en casa jamás serán lo mismo.

miércoles, noviembre 29, 2006

Recuerdos que ya no son nada

... "que a veces caigo en el recuerdo de tus manos con mis manos, y me hace sonreír"... Precioso. De Manuel Carrasco, por supuesto. Hay días, como hoy, en que se amontonan los recuerdos en cualquier rincón de la habitación vacía y regresan sin que nadie los haya invitado a pasar con una esta tarde de miércoles. Pero aquí están y, cómo no, he decidido dedicarles un poema.



A través de un par de versos
escritos hace más de dos mil días
regresan a mis sueños
el brillo de tus ojos azabache,
el tacto de tus labios de mentira
y el beso cruel de nuestra despedida.

Me ha bastado con pensar en tu sonrisa
para sentirme un poquito más viva.

Y es que se amontonan los recuerdos
y trato de esconderlos
debajo de la cama.
Pero despierto luego y me doy cuenta
de que son recuerdos que ya no son nada.

viernes, noviembre 24, 2006

El Telón de los Disfraces

Maravillosa canción. Lloré como una niña pequeña, con el corazón encogido y todo, cuando tuve la oportunidad de escucharla en el teatro Horacio Noguera de Isla Cristina, durante el recital del maestro Manuel Carrasco. Me llegó tan adentro que soñé aquella noche, cuando llegué a casa empapada de pies a cabeza por la intensidad de la lluvia, que volvía a los camerinos de la primera planta del Gran Vía, con las bombillas colgando del cable, que podía acariciar el grueso telón de terciopelo, abriendo una mínima ranura por la que escudriñar al público. También pude entrar de nuevo en los ensayos del show, vi el rostro de Horacio (pobrecito) y pude sentir el roce de los disfraces por los pasillos mal iluminados -todos pegaditos y en silencio- al salir a la calle 29 de julio por la puerta verde. Y ahora, sin puerta, ni Horacio, ni camerinos, ni disfraces, Lolo viene y mira, me regala esta canción que va a convertirse en mi favorita indiscutible, porque me alcanza el alma como ninguna otra, porque me hace sentir que tenemos mucho en común y que Isla forma parte de los nuestro. ¿Ves?, otra vez estoy llorando.




El telón de los disfraces se cerró
y la magia nos dejó su despedida.
Nos quedamos sin sus noches por febrero,
sin color, sin sus butacas vacías.

Sentado en un escalón del gallinero
soñaba por verme en tus brazos
aquella primera vez que me colé
siendo un niño al ritmo del 3 por 4.

Y siendo un niño también
temblando en tus bambalinas
entregué mi comparsa aquella primera vez
que me subí a un escenario.

Se nos fue.
En silencio, sin quejarse y sin quererlo
se nos fue tan solitario.

Se nos fue
una parte de los nuestro,
se nos fue nuestro teatro, nuestro Gran Vía.


Me encantaba compartir
la jarilla en Carnaval con adversarios y amigos
en ese ambigú,
rincón de los desafíos.

No me podría olvidar
del olor de tus pasillos llenos de disfraces
y ese pasacalle a pasar
los nervios de principiante.

Dime quién te ha dejado
para siempre sin tu fiesta,
sin tu gente, sin careta,
sin terminar cantando
tu Higuerita Marinera.


Se nos fue.

En silencio, sin quejarse y sin quererlo
se nos fue tan solitario.

Se nos fue
una parte de los nuestro,
se nos fue nuestro teatro, nuestro Gran Vía.




Manuel Carrasco. Si queréis oirla, buscad por www.clubdefansamigosdemanuelcarrasco.com

viernes, noviembre 10, 2006

Reflexión

POEMA 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
¡La besé tantas veces bajo el cielo infinito!
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Como no haber amado sus grandes ojos fijos!
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido,
oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta.
A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, ¡pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
____________________________________________
2o poemas de amor y una canción desesperada, Pablo Neruda

lunes, noviembre 06, 2006

Réquiem por el Gran Vía

Aún no me he recuperado del susto. Durante mi breve estancia en Isla Cristina, salí a comer al chino que hay cerca de la casa de mis abuelitos acompañada por mi hermano Álvaro y por mi príncipe de cabellos dorados. Saliendo de mi casa, según se sale a mano derecha, caminamos desde la Gran Vía con rumbo a la calle del Carmen. Y, de pronto, ya no estaba allí, majestuoso y digno, a pesar del paso de los años. En su lugar, nada. Un vacío infame, fruto de la venta de suelo para hacer un buen puñado de bloques de pisos grises, sin historia, sin nada que contar a nuestros hijos, sin la esencia bendita del templo carnavalero.

El cine-teatro Gran Vía ha desaparecido sin dejar más rastro que un puñado de cascotes y una huella profunda en mi memoria y en la de el resto de los isleños, en todos los que hemos vivido los mejores momentos de nuestra vida -de nuestros carnavales- entre las cuatro paredes del acogedor teatrillo de Pichardo.


Reconozco que se me saltaron las lágrimas al ver lo que ha quedado de ese fantástico edificio de paredes ocres y azulejos verde botella, con sus majestuosas columnas de mosaicos amarillos en la escalinata de entrada. Y su sabor a cultura, con su gallinero de sillas bien pegaditas desde donde gritar un olé a mi comparsa preferida... Todo ha desaparecido, como desaparecen las cosas buenas de la tierra de uno, arrancando miles de recuerdos que guardaré en algún rincón de mi memoria desde donde no sé si seré capaz de arrancarlos para contárselos a mis nietos.

¿Dónde estarán ahora su patio de butacas con los mullidos asientos rojo carmín, o las tablas de su escenario, al que subí por primera vez para hacer de doncella en Woyzeck -la divertida obra de Georg Büchner- o para bailar estilo Congo en la presentación de la comparsa África?

Hoy merece mi homenaje, este puñado de letras que no llegarán a ningún sitio. Ni siquiera a oídos de aquellos que pudieron rescatarlo un día de su fatal destino y convertirlo en lo que es (o era, más bien), el templo del Carnaval de Isla Cristina.

sábado, noviembre 04, 2006

Me voy pa Isla Cristina

¡Qué emoción!
Esta mañana (bueno, más bien este mediodía) me he levantado apresurada, me he puesto lo primero que he pillado y me he peinado y lavado la cara en 0,2 segundos. El motivo ya lo he desvelado en el título: me voy pa mi pueblo, a mi Higuerita marinera, mi rincón hecho con pedacitos de gloria.



Guardianes del faro, de Josué Correa

Voy a ver a mi gente y a respirar aire puro, del mar limpio de azules que rugen. Oiré el sonido de las gaviotas, que deben comenzar ya a poblar la azotea ante la amenaza inminente de lluvia, y a mi perro, que estará jugueteando con ellas en su refugio cercano al cielo. Veré dentro de nada el campanario de la iglesia más hermosa y el mar al sur, al norte, al este y al oeste...

¡Qué emoción!

viernes, octubre 20, 2006

Un mal día

Días como hoy no los quiero en mi vida. Debo relegarlos al olvido para poder seguir. Los astros han confabulado contra mí para no dejarme respirar tranquila. Pero todo pasa y mañana será otro día.



Algo se ha roto.
¡Basta de lágrimas!
Mis párpados ruegan clemencia
y yo..., yo quiero gritar
y no puedo,
quiero seguir y me caigo,
debo sonreir pero duele.

Algo se ha roto.
Tal vez sea mi corazón
(en mil pedazos)
o tu manera aquella de mirarme.

Sólo sé que oí un ruido estrepitoso
y no quiero mirar aún
por si fue tu amor
que tropezó con el olvido.

Algo se ha roto.
Este veneno
ya lo conozco.
Y no sé ahora dónde puse
el remedio que una noche
fría me regaló la luna.

lunes, octubre 09, 2006

Ha nacido 'La penúltima y nos vamos'

Ha nacido una estrella en el firmamento de los blogs. Bueno, todavía no lo es, porque acaba de venir al mundo. Se gestó en un bareto de Huelva, entre botellines de cerveza, copas de ron y latitas de cacahuete. Nace con la pretensión de ser un lugar de culto, un espacio donde la libertad de expresión despliegue alas y haga honor a su nombre. Aquí os dejo la primera entrada de http://lapenultimaynosvamos.blogspot.com (su nombre lo dice todo) para que compartáis conmigo este momento emocionante.


El principio del comienzo

Por fin, tras una tarde de intensa resaca, he conseguido crear este blog. Surgió anoche, en un bar de la capital onubense en el que no podía haber más periodistas por metro cuadrado. En un rinconcillo del local, Patricia Nogales, Diego Lozano, Raquel Montenegro, César Recuero y la que les habla (Raquel Rendón), nos planteamos abrir una nueva ventana al mundo desde la que poder expresarnos libremente y en la que tenga la posibilidad de participar activamente un buen número de compañeros de profesión. Sin presiones, sin censuras.

Aquí seremos libres a la hora de dejar nuestros comentarios, nuestros poemas, nuestros relatos o nuestras fotografías (bueno, más bien las de Josué Correa y Alberto Domínguez, que también forman parte de esta iniciativa). E incluso alguna noticia exclusiva, jejeje. Todos los compañeros que deseen sumarse a ella, no tienen más que avisarnos. Inaugurado queda.

martes, octubre 03, 2006

El resultado final (nunca es tarde, si la dicha es buena)

Entrevista a Manuel Carrasco. Publicado en La Higuerita el 30 de septiembre de 2006. Redacción: Raquel Rendón.

"Isla Cristina encierra mis recuerdos, mi infancia y mi playa"

La larga espera ha llegado a su fin. Manuel, sentado a contraluz en la cafetería del hotel AC Huelva, me espera con la misma sencillez de siempre para realizar esta entrevista, ésa cercanía que él no pierde por muy artista que sea. Cuando le digo que es para La Higuerita me devuelve una sonrisa cómplice. No hay nada como hablar para su gente y presentarnos, cara a cara, su tercer trabajo, su ‘Tercera Parada’.

En primer lugar, define este disco.

Este trabajo muestra la situación en la que me encuentro ahora, mi manera de sentir. Es más enérgico y contundente, más maduro, pero respeta mi esencia.

¿Por qué lo has llamado ‘Tercera Parada’?

Porque es un disco de canciones, que son para mí como capítulos de mi vida. Son viajes, mi tercera parada en el camino de la música.

¿Qué tiene de autobiográfico?


Pues todo, porque aunque a veces no cuente mis historias, yo sufro y disfruto las canciones como si esas historias fueran mías. Al final, se convierte en una historia de uno mismo, ya que uno las escribe a su manera.

Siempre dices que ‘Cariño, espérame’ es una canción muy especial…

Es especial por el tema de la letra, que habla del drama de la inmigración. Estoy muy orgulloso de este tema. Me parece como una ‘peli’. Además, fue la primera que compuse del disco.

Eres el compositor de todas las canciones, pero ahora te has embarcado también en la tarea de coproducir tu propio trabajo. ¿Qué tal la experiencia?
Alucinante. He podido disfrutar día a día de la construcción del disco, opinando sobre todo, como debe ser, y dejándome contagiar del arte de los músicos que he tenido a mi alrededor.

¿Y la de grabar en Nueva York?

Pues nunca me hubiera imaginado, ni en mis mejores sueños, que llegaría a grabar allí. Ha sido bonito, y los músicos con los que he tocado le han dado un color diferente a las canciones.

¿Estás contento con la promoción que se está dando al disco?

Sí, estoy contento. Además eso no depende de mí, a veces, ni siquiera de la compañía. El tiempo lo dirá todo. Hay gente que suena menos y tiene mucho arte, y gente que tiene menos arte y suena más.

Existen delegaciones de tus clubs de fans en Italia, México, Argentina, Puerto Rico… ¿hay un proyecto de promoción en estos países?

Yo iré hasta donde me dejen llegar. Esto irá poco a poco y el público lo dice todo. Habrá que ir abriendo puertas.

Después de haber hecho más de 80 conciertos por toda España en la gira ‘Manuel Carrasco’, ¿falta mucho para que podamos verte de nuevo sobre el escenario?

Espero que para noviembre ya podamos hacer algunas cositas. De momento, con la promoción no tenemos tiempo.

El bonus track de este disco, titulado ‘Déjame que sea’ y dedicada a Huelva, ha revolucionado a la provincia…

Algo he oído (risas). Hay otra canción dedicada a Isla Cristina. Es el corte 13 y se llama ‘A veces te imagino’ y dice: “A veces te imagino con la olas, como siempre tratando de escapar; dejándote arrastrar por la corriente, jugando con ella, vistiéndote de sal…”. La dedicada a Huelva venía muy bien para cerrar este disco.

¿Algunas de las canciones han sido escritas en Isla Cristina?

Todas. Concretamente en Islantilla, donde he estado viviendo. La música la he compuesto en mis numerosos viajes: en hoteles, en el autobús, durante la gira.

¿Cómo has vivido tu descanso por nuestro rinconcito marinero?

Bien. He perdido la línea (risas), pero he ganado en salud. Es algo que yo necesito: estar con mi gente y pisar firme. Además, ya sabes que yo soy un ‘pamplina’ (carcajadas varias) y me encanta el ‘pamplineo’ del pueblo.

Te has convertido en embajador de Isla Cristina en todo el mundo. ¿Qué tiene este lugar que no tenga otra ciudad?

Tiene, esencialmente, a mi gente. A mi madre, a mi padre, a mis hermanos y a mis sobrinillas. A mis amigos. Encierra mis recuerdos, mi infancia y mi playa.

¿Con qué rincón de su hermoso paisaje te quedarías?


Con la playa, indudablemente.

Tú, que has sido uno de los baluartes de la cantera carnavalera isleña, ¿qué es lo que más echas de menos cuando se va acercando febrero?

Los ensayos, sobre todo los de los viernes, y la copita de después con los amigos. Además, ahora no me dan tanta caña como antes. Ésa es la parte buena (sonríe y recordamos alguna anécdota de la comparsa ‘La voz del mar’).

¿Cuál es el pasodoble más bello de la historia del Carnaval de Isla Cristina?

Uff. De cada autor te diría uno. Me encantan, por ejemplo, el ‘Trocito de mar’, de Ángel; el ‘Ay, mamá’, de Paco el de la Fulgen. Y los de Venegas, que ha dado tantos buenos… como el pasodoble de ‘Los Payasos’. La lista es interminable.

Lanza un mensaje a la gente que lea esta entrevista, a los isleños que viven en La Higuerita y a los que la viven desde lejos.

Espero que os guste mucho este disco. Está hecho con toda la carne puesta en el asador. Y también quiero daros las gracias por vuestro apoyo y por el cariño que me demostráis día a día.