sábado, octubre 06, 2007

Patricia Nogales

Mi despedida de la Nogales ocurrió a deshora. Hace pocos minutos, más bien, y eso que contamos las 5 de la madrugada en este instante. Y no hubo llantos, como si mañana fuera a entrar en la redacción del periódico y volviera yo a vislumbrar sus ricitos morenos bailoteando al ritmo de las teclas del ordenador, como siempre.




Ahora que he llegado a casa, después de una noche de despedida sin adiós, con un simple hasta luego que sale del alma me doy cuenta de que el lunes, cuando aterrice en la vida 'diaria' de este inagotable turno de 10 días posvacacional no volveré a recibir su visita en el poyete de mi ventana, ni a oler el café que rezuma su sonrisa de pequeña muñeca. Tampoco intuiré su reojillo mirando (curiosa) mi panel fotográfico en el que ella siempre tendrá un papel protagonista, siempre a la altura de las circunstancias.




Se va mi Patri, la hermana, de mi lado. Me deja bien acompañada, lo sé, pero su ausencia comienza a pesar en esta noche de despedidas sin pañuelitos blancos adornados de caracolas ni treguas de broma y pamplinas. Se va de verdad de la buena y ahora estoy empezando a asimilarlo.

Se marchan el caminar desgarbado (pero siempre con gracia, que conste) de sus tirabuzones, su colmillo afilado y la palabra precisa. El titular perfecto, la consulta, los mails en las tardes de invierno (y de verano), su pasión por Helenio y Vicente, su complicidad con Justo, su balcón del Matadero con vistas al polo químico, su orden y concierto... su paciencia infinita.


Qué será ahora de esas crónicas educativas, del rector y Manolo Acosta, de la UHU, de los cheques libro, de la selectividad sin que ella nos la cuente y de la pila de libros sobre el escritorio ajado... La silla azul te espera, como te dijera ayer, Pa. La lágrima llega ahora, al recordar la fotografía vespertina de los compañeros, sazonada con el sabor dulzón de esos pasteles exquisitos que tan poco te gustan. Un segundo apenas congelado para el recuerdo.


No voy a adornar más esta despedida, pequeña. Como ya te dije, pienso (espero con fe, por qué no decirlo) que esto no será más que un hasta luego. Tu rinconcito junto a la ventana, con vistas a la ría de Huelva, te seguirá esperando hasta que decidas volver. Sólo deseo que sepas que sin ti, nada será lo mismo.

Mil besos, guapa. Muchísima suerte!

3 comentarios:

Patriice dijo...

Uno intenta siempre estar a la altura de las circunstancias. Cuando llegan los momentos importantes, los que ya desde ya, sabemos que lo son, busca la frase perfecta. La mirada de película o la sonrisa en conexión con el universo para que todo sea como un fotograma de Orgullo y Prejuicio: inmejorable, justo, como debe ser. Y sin embargo, qué difícil sobre la marcha conseguir algo así. Es como si subieras a recoger un Oscar o un Goya y te quedaras en blanco, sin palabras. Me siento un poco así. El viernes me hubiera gustado tener la valentía suficiente para deciros a todos lo que ha significado y signigica para mí Huelva Información, su gente, quiero decir, que es lo que le da valor, que es lo que hace que ese periódico, a pesar de tanto, sea el mejor de la provincia. Me hubiera gustado daros las gracias a todos por haberme acogido tan bien, por haberme hecho sentir en casa, por haber puesto brillo en mis ojos, no te puedes imaginar la de veces que he levantado la vista por encima de mi pantalla del ordenador y sentirme la persona más feliz del mundo, la más afortunada (por cursi que de repente me parezca escribir esto). Y sin embargo, no tuve el valor suficiente, porque sé que me hubiera temblado la voz, que me hubiera puesto a llorar como una tonta y sobre todo, porque no hubiera encontrado las palabras adecuadas. Gracias Raquelilla. Me marcho viva, como dijo Ronchel. Y es maravilloso. Fue maravilloso salir por esa puerta sintiéndome tan querida. En serio. Me siento muy orgullosa de esos tres años y pico que he pasado en la redacción porque, de eso sí tengo la certeza, siempre perteneceré a ese lugar. Y quién sabe, efectivamente, quizá algún día pueda volver...

Alanolat dijo...

Esta redacción es, aún, un poco más triste.

Se ha ido uno de los pocos motivos por los que venir al trabajo con una sonrisa.

Anónimo dijo...

Bueno, en un futuro sé que todos (los que importan) nos encontraremos en algún día inolvidable que nos haga salir de esta monotonía absurda, de este desaprovechamiento continuo del talento que son los periódicos y las empresas de comunicación. Yo, por mi parte, no puedo dejar de echaros de menos a las dos... Y, por supuesto al Talonala autista. PN.