lunes, noviembre 06, 2006

Réquiem por el Gran Vía

Aún no me he recuperado del susto. Durante mi breve estancia en Isla Cristina, salí a comer al chino que hay cerca de la casa de mis abuelitos acompañada por mi hermano Álvaro y por mi príncipe de cabellos dorados. Saliendo de mi casa, según se sale a mano derecha, caminamos desde la Gran Vía con rumbo a la calle del Carmen. Y, de pronto, ya no estaba allí, majestuoso y digno, a pesar del paso de los años. En su lugar, nada. Un vacío infame, fruto de la venta de suelo para hacer un buen puñado de bloques de pisos grises, sin historia, sin nada que contar a nuestros hijos, sin la esencia bendita del templo carnavalero.

El cine-teatro Gran Vía ha desaparecido sin dejar más rastro que un puñado de cascotes y una huella profunda en mi memoria y en la de el resto de los isleños, en todos los que hemos vivido los mejores momentos de nuestra vida -de nuestros carnavales- entre las cuatro paredes del acogedor teatrillo de Pichardo.


Reconozco que se me saltaron las lágrimas al ver lo que ha quedado de ese fantástico edificio de paredes ocres y azulejos verde botella, con sus majestuosas columnas de mosaicos amarillos en la escalinata de entrada. Y su sabor a cultura, con su gallinero de sillas bien pegaditas desde donde gritar un olé a mi comparsa preferida... Todo ha desaparecido, como desaparecen las cosas buenas de la tierra de uno, arrancando miles de recuerdos que guardaré en algún rincón de mi memoria desde donde no sé si seré capaz de arrancarlos para contárselos a mis nietos.

¿Dónde estarán ahora su patio de butacas con los mullidos asientos rojo carmín, o las tablas de su escenario, al que subí por primera vez para hacer de doncella en Woyzeck -la divertida obra de Georg Büchner- o para bailar estilo Congo en la presentación de la comparsa África?

Hoy merece mi homenaje, este puñado de letras que no llegarán a ningún sitio. Ni siquiera a oídos de aquellos que pudieron rescatarlo un día de su fatal destino y convertirlo en lo que es (o era, más bien), el templo del Carnaval de Isla Cristina.

3 comentarios:

Patriice dijo...

Lo lamento! Y te doy mi más sincero pésame. Nunca he estado en Isla (un día iremos todos para allá, para que nos enseñes ese rincón marinero), pero puedo imaginar lo que sientes. Lo más parecedio que he vivido en primera persona fue el cierre definitivo del mercado de abastos de mi pueblo, o al menos, el cierre definitivo del puestecillo que mis padres tenían en él, y en el que aprendí mis primeros 'Buenos días, qué le pongo señora'. En fin, el cierre fue 'voluntario', abríamos nuestro flamante nuevo covirán, pero en cierto modo, empujados por un presente en el que lo pequeño, lo hogareño, lo que no sean tres mil marcas de tomate en la estantería, tienen cabida. Echamos la persiana, y escucho ese sonido tan familiar del metal y no se me quita de la cabeza una foto en la que aparecen mis padres, como dos chiquillos, en los primeros meses de apertura del pequeño puestecillo. Es una pena como vamos perdiendo cosas, que en muchas ocasiones son irremplazables, otras con un poco de suerte, conseguimos sustituirlas o al menos endulzar el sabor amargo de su pérdida con nuevas ilusiones o nuevos supermercados que nos dejan nuevos recuerdos, como el de mi sobrnilla correteando entre las calles, buscando las toallitas dodot.
Un beso guapísima

AnadelRocio dijo...

Vaya!!!No lo sabía.
También hace mucho tiempo que no paso por ese maravilloso paraíso que es tu pueblo....
Al menos siempre quedan los recuerdos que contar y añorar, aunque no para visitar (tus nietecitos como dices...) Pero bueno...
Mil besos wapa, veo que hace unos días no lo pasaste nada bien. Espero que estés mucho mejor,y como diría mi primita: "Un mogollón de besos pa'tí".

uno entre tantos dijo...

Las cosas cambian. La vida cambia. Posiblemente tus padres y abuelos, tienen recuerdos en su mente, de personas, lugares, edificios y vivencias que son parte de ellos. De su infancia y recuerdos. Lugares, personas y circunstancias que viven en ellos y forma parte de su vida. Posiblemente (posiblemente no. Seguro) tus hijos y nietos (si los tienes, espero que sí :)) Tendrán los suyos con la nueva Isla Cristina que se está construyendo. Cest la vie. Un recuerdo. Las cosas cambian, por fuera y permanecen por dentro.
De todas formas, una lástima porque también pertenece a mí, a mis recuerdos. Saludos ( lo prometido es deuda ;))