Este año no vamos
a deshojar la margarita.
Vamos a tirarnos de espaldas
sobre una pradera
de tréboles de cuatro hojas.
No sientas miedo.
Recuéstate a mi lado.
Apriétame fuerte la mano
y vamos a contemplar
las figuras que
dibujan las nubes.
Nos brillarán los ojos
cuando, con la primavera,
se hayan marchado
los fríos que calan los huesos.
Entonces cerraremos los ojos
y nos bañaremos
en el sol caliente,
sentiremos sus rayos
por el perfil deslizados,
y soñaremos más grande,
más fuerte,
más alto.
Y los tréboles mansos
siluetearán nuestros cuerpos
y la suerte, por fin,
estará a nuestro lado.
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